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La travesía del viajero del alba /

by Lewis, C. S. (Clive Staples).
Material type: materialTypeLabelBookSeries: Lewis, C. S. Chronicles of Narnia: Publisher: New York, N.Y. : Rayo, 2005Edition: 1a. ed. Rayo.Description: 312 p. : ill. ; 20 cm.ISBN: 0060884290 (pbk.) :.Title notes: $9.95 prolam 5-2006 (db)Uniform titles: Voyage of the Dawn Treader . Spanish.Subject(s): Narnia (Imaginary place) -- Juvenile fiction | Good and evil -- Juvenile fiction | Voyages and travels -- Juvenile fiction | Spanish language materials | Fantasy | Fantasy fictionSummary: Lucy and Edmond, accompanied by their peevish cousin Eustace, sail to the magic land of Narnia, where Eustace is temporarily transformed into a green dragon because of his selfish behavior and skepticism.
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Adult Collection Adult World Languages Fiction Spanish FIC LEW Available 39270002974297

Enhanced descriptions from Syndetics:

<p>Un Viaje Al Fin Del Mundo</p> <p>Narnia. . . donde un dragón despierta... donde las estrellas rondan la tierra... donde cualquier cosa puede suceder.</p> <p>Un rey y unos compañeros inesperados se embarcan en un viaje que los llevará más allá de toda tierra conocida. A medida que navegan más y más lejos de aguas conocidas, descubren que su búsqueda es más enorme de lo que jamás se habían imaginado y que el fin del mundo es solo el principio.</p>

$9.95 prolam 5-2006 (db)

Translated from: The voyage of the Dawn Treader .

Originally published in English in 1952.

Lucy and Edmond, accompanied by their peevish cousin Eustace, sail to the magic land of Narnia, where Eustace is temporarily transformed into a green dragon because of his selfish behavior and skepticism.

Excerpt provided by Syndetics

<opt> <anon I1="BLANK" I2="BLANK">La Travesia del Viajero del Alba Capítulo Uno El cuadro del dormitorio Había una vez un chico llamado Eustace Clarence Scrubb, y casi se merecía tal nombre. Sus padres lo llamaban Eustace Clarence y los profesores, Scrubb. No puedo decirte cómo se dirigían a él sus amigos porque no tenía. Él, por su parte, no llamaba a su padre y a su madre <<papá>> y <<mamá>>, sino Harold y Alberta. Eran una familia muy progresista y moderna, y, además, eran vegetarianos, no fumaban ni bebían alcohol y llevaban ropa interior especial. En su casa había muy pocos muebles y muy poca ropa en las camas; además, las ventanas estaban siempre abiertas. A Eustace Clarence le gustaban los animales, en especial los escarabajos si estaban muertos y clavados con un alfiler en una cartulina; también le gustaban los libros si eran de divulgación y te-nían fotografías de elevadores de grano o de niños extranjeros gordos que hacían ejercicio en escuelas modelo. Eustace Clarence sentía aversión por sus primos, los cuatro Pevensie: Peter, Susan, Edmund y Lucy; pero se alegró bastante al enterarse de que Edmund y Lucy irían a pasar con él una temporada. En lo más profundo de su ser sentía una gran debilidad por mangonear e intimidar a la gente y, si bien era una criatura enclenque y menuda que no habría podido enfrentarse ni siquiera a Lucy, y mucho menos a Edmund, en una pelea, sabía que existían docenas de formas para hacer que la gente lo pasara mal si uno estaba en su propia casa y los demás sólo de visita. Ni Edmund ni Lucy querían ir a pasar una temporada con el tío Harold y la tía Alberta, pero no había otro remedio. Su padre había conseguido un trabajo como conferenciante en Estados Unidos durante dieciséis semanas aquel verano, y su madre iba a ir con él porque la pobre no había disfrutado de unas auténticas vacaciones desde hacía diez años. Peter estaba estudiando mucho para aprobar un examen y pasaría las vacaciones dando clases con el anciano profesor Kirke, en cuya casa los cuatro niños habían disfrutado de maravillosas aventuras tiempo atrás, en los años de la guerra. Si el profesor hubiera seguido en su antigua vivienda los habría invitado a todos a quedarse con él; pero su situación económica había empeorado bastante desde entonces y vivía en una casa pequeña con una única habitación de invitados. Como habría costado demasiado dinero llevar a los tres niños restantes a Estados Unidos, sólo había podido ir Susan. Susan era la más bonita de la familia, en opinión de las personas mayores, y no demasiado buena en los estudios -aunque por lo demás muy madura para su edad- y su madre dijo que <<obtendría mucho más del viaje a Estados Unidos que los más pequeños>>. Edmund y Lucy intentaron no tomarse a mal la suerte de su hermana, pero resultaba espantoso tener que pasar las vacaciones de verano en casa de su tía. -Pero es mucho peor para mí -dijo Edmund-, porque tú, al menos, tendrás tu propia habitación, y yo tendré que compartir el dormitorio con ese odioso Eustace. El relato se inicia un tarde en que Edmund y Lucy habían conseguido pasar unos minutos preciosos los dos juntos. Y como es natural hablaban de Narnia, que era el nombre de su mundo particular y secreto. Supongo que casi todos nosotros poseemos un país secreto, pero para la mayoría no es más que un país imaginario. Edmund y Lucy tenían más suerte que otras personas en ese sentido, pues su mundo secreto era real y lo habían visitado ya en dos ocasiones; no jugando o en sueños sino en la realidad. Desde luego habían llegado allí mediante la magia, que es el único modo de acceder a Narnia. Y en la misma Narnia se les había hecho la promesa, o algo muy parecido a una promesa, de que regresarían algún día. Puedes imaginar, por lo tanto, que hablaban largo y tendido sobre ello cada vez que tenían la oportunidad. Estaban en la habitación de Lucy, sentados en el borde de la cama y contemplando un cuadro situado en la pared opuesta. Era el único cuadro de la casa que les gustaba. A tía Alberta no le gustaba nada -motivo por el que había ido a parar a una pequeña habitación trasera del piso superior de la casa-, pero no podía deshacerse de él ya que había sido un regalo de boda de una persona a la que no quería ofender. Era la pintura de un barco; un barco que navegaba directo hacia el espectador. La proa era dorada y tenía la forma de la cabeza de un dragón con las fauces totalmente abiertas. Poseía un único mástil y una vela cuadrada enorme de un intenso color púrpura, y los costados de la nave-lo que uno podía ver de ellos donde terminaban las alas doradas del dragón- eran verdes. El navío acababa de ascender a lo alto de una soberbia ola azul, cuya pendiente frontal descendía vertiginosamente hacia el observador, veteada de espuma y burbujas. Era evidente que el barco navegaba a toda vela con el viento a favor, y ligeramente escorado a babor. (A propósito, para poder leer este relato, y por si no lo sabías, será mejor que recuerdes que el lado izquierdo de un barco cuando miras al frente se llama <<babor>> y el lado derecho, <<estribor>>.) Toda la luz del sol caía sobre la nave desde babor y allí el agua estaba llena de tonos verdes y morados, mientras que en el otro lado era de un azul más oscuro debido a la sombra que proyectaba la embarcación. -La cuestión es si no empeora las cosas contemplar un barco narniano cuando uno no puede ir a Narnia -dijo Edmund. -Pero mirar es mejor que nada -repuso su hermana-. Y es una nave tan narniana... -¿Todavía seguís con esa canción? -inquirió Eustace Clarence, que había estado escuchando al otro lado de la . . . La Travesia del Viajero del Alba . Copyright © by C. Lewis. Reprinted by permission of HarperCollins Publishers, Inc. All rights reserved. Available now wherever books are sold. Excerpted from La Travesia del Viajero del Alba by C. S. Lewis All rights reserved by the original copyright owners. Excerpts are provided for display purposes only and may not be reproduced, reprinted or distributed without the written permission of the publisher.</anon> </opt>

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